Dársela al bueno, por Enrique Ballester

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Teo puso a prueba mi autoridad como padre. Le ordené hacer los deberes y me contestó que no quería hacer los deberes, que quería batir el récord del mundo de toques con la mano. Sonó convincente. Parece ser que mi hijo es un niño de grandes ambiciones que ha nacido en un hogar erróneo. Como sea, encajé su insolente respuesta y actué, por supuesto, con responsabilidad adulta. Hice lo que se debe hacer en estos casos: primero gané a Teo en un concurso improvisado de toques con la mano, después lo superé en otro concurso complementario de toques con el pie y luego lo humillé en el concurso estrella de toques con el pie y con la mano. Por último, le compré el libro oficial de los récords Guinness, en la edición actualizada de 2024, para que vaya espabilando.

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