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«Cuando hablan de ‘el chico de Sant Pere de Vilamajor’ se me pone la piel de gallina», sonríe Javi en una mesa del bar-restaurante Can Noguera, en el corazón de este pequeño municipio del Vallés Oriental. Es el único sitio donde tomar un café un miércoles de lluvia por la tarde porque el pueblo, conglomerado de urbanizaciones, tiene un núcleo muy pequeño. «Me gusta cuando dicen ‘Marc Casadó, de Sant Pere de Vilamajor’ porque rima», añade su contertulio, Toni. A su espalda están Cristina e Isabel, dos mujeres de más edad que comparten mesa y té. «Ah, sí, el del Futbol Barça», asienten al ser preguntadas por la penúltima gran perla del Futbol Club Barcelona. El nombre del niño de Albert y Anna se recita junto a los de Pau Cubarsí, Gavi, Pedri o Lamine Yamal

Casadó dificultando la acción de Kral durante el derbi de la liga entre el FC Barcelona y el RCD Espanyol en el estadio Lluis Companys / JORDI COTRINA
«No le conocemos y no sabemos dónde vive, pero es un orgullo para el pueblo», dicen. Isabel cuenta que supo de su existencia hace pocos días: porque el ayuntamiento envió un mensaje de felicitación a través del grupo de difusión de WhatsApp del pueblo. Desbloquea su móvil y lee: «Queremos felicitar a uno de los jugadores más punteros de nuestro país. Nuestro vecino Marc Casadó, un orgullo. Este Barça está demostrando que no necesitamos producto exterior y que hay que promocionar lo que tenemos en la tierra.» Se envió justo después de que el equipo de Hansi Flick firmara su enésima exhibición y una goleada histórica en casa del Madrid (0-4). Casadó, pieza clave e indiscutible, fue uno de los protagonistas.
Ídolo del pueblo
El centrocampista de 21 años se ha convertido en el ídolo del pueblo. Casi su bandera, motivo de orgullo. La farmacéutica, a 15, 20 metros de la puerta del bar, no reconoce el nombre de Marc Casadó, pero sí recuerda que hace unos meses su hijo le contó que un jugador del Barça era del pueblo. Y que habían hecho un trabajo juntos en el instituto. El fútbol, como la escuela o el balonmano, están en Sant Antoni de Vilamajor, a tres minutos, aunque aúna ambos municipios bajo el nombre de Club de Futbol Vilamajor.
Nada más entrar en el campo está el bar y la televisión muestra un partido de la Liga de Campeones. Dos niños siguen la pelota con sus ojos mientras esperan a sus padres. Conocen a Casadó, «claro». Se llaman Marc y Marco, de hecho. «Nos inspira para seguir esforzándonos y para conseguir nuestros sueños», dicen. Sueñan lo mismo que soñó su nuevo ídolo en el mismo campo. «Ser futbolistas algún día». Marc es del Madrid y recluta a Casadó para el equipo blanco en la PlayStation. «Muchos amigos míos son casi vecinos suyos. Es que es de aquí. No de cualquier otro sitio, de aquí», reivindica. Ni se lo cree.
Justo la semana pasada Casadó se acercó al campo con unos amigos y con la capucha puesta para no ser demasiado visto, pero unos niños le detectaron al instante. Corrió la voz en segundos y «el club se paralizó», apunta Iván Monjonell, el secretario. «Los niños se volvieron locos» y pararon los entrenos para perseguir una foto. Algunos niños incluso se fueron corriendo a casa para ir a buscar su camiseta del Barça, para tenerla firmada. «Para nosotros todo esto es un orgullo, una cosa impensable», afirma.

Marc Casadó de niño / Cedida
En la grada dos padres aguardan a que acabe el entreno de sus hijas mientras vacían una bolsa de pipas y hablan de Marc Casadó. A unos metros están Aiman, Josep, Rayan y Sergi, el más feliz de todos: porque tienen un juego virtual de fútbol entre ellos y él es el que tiene a Casadó. «Ha ido pasando por todas las manos porque todos queríamos tenerle, hasta que lo he podido fichar. Le he puesto una cláusula de rescisión muy alta. Si alguien me lo quita seré millonario», ríe. ¿Qué cómo viven que alguien del pueblo esté en el Barça? «Con mucha alegría y orgullo», dice uno. Tienen 14 o 15 años. «Mola mucho. Estamos flipando «, aseguran los niños del infantil (2011-2012).
«Que un jugador que empezó en un equipo tan pequeño pueda estar en un club tan grande es una cosa que no esperas. Esto quiere decir que algún jugador de los que estamos aquí algún día podemos llegar al Barça», destaca uno de ellos. Mientras Javi y Edu, sus entrenadores, les alinean para salir en la foto cobra vida el móvil de un padre: Once titular del Barça. Falta una hora para el partido ante el Estrella Roja y Casadó estará en el once. El Barça ganará por 2-5. Casadó ha jugado los 360 minutos posibles en la Champions. De la falta de oportunidades que provocó enfado y decepción en su pueblo con Xavi Hernández (más de 40 partidos sin salir del banquillo y solo 58 minutos entre cinco partidos en dos años) a ser fijo para Flick. De la noche a la mañana ha pasado a ser candidato a todo.

Marc Casadó, de adolescente, con Leo Messi / cedida
En Sant Antoni los partidos del Barça se viven en el Patronat, sede del local social de la Penya Blaugrana Vilamajor’s. Casadó, protagonista de una salvaje irrupción, vio ahí el clásico del pasado 21 de abril contra el Real Madrid. Al siguiente, hace unos días, deslumbró como titular. Su camiseta luce en las paredes del local junto a los rostros de Cruyff, Guardiola y Messi. Quim Vergés, el presidente, dice que espera tengan que cambiar pronto el nombre de la peña. «Ojalá».
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