En una recta final llena de suspenso a tres días de las elecciones presidenciales brasileñas, la ventaja de Flávio Bolsonaro sobre el acgual presidente Luiz Inacio Lula da Silva, se estrecha cada vez más y todo apunta a un empate técnico el próximo domingo.
Según la encuesta más reciente -de la empresa Quaest y realizada en parte después del tenso debate en televisión del pasado domingo-, la ventaja del candidato de la extrema derecha, hijo del expresidente actualmente en régimen de prisión domiciliaria, ha bajado de dos puntos a solo uno en la última semana. Según otra nueva encuesta de BTG/Mexus, Flávio rebasa a Lula por solo 0,6 puntos decimales. En la tarde del jueves, otra encuesta importante como la de Datafolha mostró como Lula y Bolsonaro están igualados en el 50%. Hace una semana, el segundo ganaba por tres puntos en la misma encuesta.
En estos momentos Lula tiene el impulso a su favor, dicen los politólogos, en una campaña dinamizada por las manifestaciones masivas del pasado fin de semana y por una entrada tarde pero eficaz en redes sociales. Lula, a los 80 años, ha descubierto un don para los vídeos selfi siguiendo los consejos del mayor gurú de redes en la izquierda brasileña, André Janones, actualmente recuperándose de un ataque de arritmia cardíaca sufrido tras debate el domingo.
Flávio Bolsonaro representa una nueva derecha populista ascendente en América Latina, que muestra poco respeto por la democracia o por la verdad
No cabe duda de que estas elecciones son de infarto tanto por la proximidad de los dos candidatos como por lo que se juega. Flávio Bolsonaro representa una nueva derecha populista ascendente en América latina, que muestra poco respeto por la democracia o por la verdad, con estrechos lazos con la Casa Blanca de Donald Trump.
Lula representa una vieja izquierda que, pese a sus logros en combatir la pobreza, provoca un rechazo visceral en una parte amplia de la clase media brasileña, así como entre los que el sociólogo Jessé Souza califica como los “pobres de derecha”.
Un importante dato en la encuesta de Quaest es que el rechazo a Lula ha disminuido del 52% al 47%. Bajar este elevado nivel de desaprobación se consideraba un sine qua non de un posible sorpasso por parte del viejo líder del Partido de los Trabajadores. Mientras, el rechazo a Flávio Bolsonaro sube. Aunque la actuación de Lula en el debate ha sido criticada, hay un consenso de que Flávio fue percibido como demasiado agresivo. El estrechamiento de la ventaja del candidato de la derecha “tiene menos que ver con Lula que con el rechazo a Flávio”, dijo un analista en Río.
La segunda irrupción de Javier Milei en la campaña, al igual que en España, ha sido otra ayuda a Lula, según los comentaristas. Milei, despotricó el martes contra “el ladrón izquierdista” que puede “robar las elecciones” y fue reprochado por la Cancillería brasileña. No es casualidad que Bolsonaro ya haya dejado de poner la motosierra de Milei como ejemplo. El antes candidato fiscalmente responsable ha anunciado en los últimos días su apoyo a medidas de gasto público, siguiendo a Lula, que ha subido subsidios, los precios y los combustibles. Es lo que se califica ya en el análisis electoral como una “subasta populista”. Eso sí, los mercados no han reaccionado negativamente a la nueva laxitud fiscal de Flávio, una señal de que cuentan con que sus promesas no se cumplan.
Pese a la mejora de la situación de la campaña de Lula, sigue habiendo enormes escollos en el camino a una posible victoria. Primero, jamás en la historia de la joven democracia brasileña ha ganado el candidato perdedor en la primera vuelta. Segundo, existe una ola fuerte de la derecha populista, vinculada con ideas mesiánicas evangélicas, así como un deseo de castigar al gobierno incumbente —en el poder— debido a un descontento bastante generalizado y palpable en las calles. “Advertí una gran depresión del votante”, dijo un gestor de un grupo de discusión tras el debate el domingo.
