Luis Enrique Mojena, un cubano que en 2022 desertó de una misión médica en Venezuela y cruzó la selva del Darién para llegar a Miami, terminó deportado a la República Centroafricana el 22 de octubre después de que una notificación judicial llegara a su buzón un día después de la fecha de la audiencia.
Mojena, natural de Sandino, Pinar del Río, narró su historia al periodista Daniel Benítez en un video publicado en Facebook desde una «casa de seguridad» en Bangui, donde permanece junto a otros deportados bajo vigilancia constante y cacheos al entrar y salir. «Estamos viviendo en condiciones anormales», dijo al cerrar su testimonio.
«En el 2022 yo deserto de una misión médica en Venezuela, atravesé por la selva de Darién y llegué en 37 días a Estados Unidos y tardé 41 en llegar a Miami», explicó. En suelo estadounidense fue liberado bajo parole con formulario I-220A, con supervisión anual y dispositivo electrónico.
Tras mudarse a Houston —donde se certificó como masajista—, su audiencia migratoria quedó fijada para el primero de diciembre de 2026.
El problema surgió cuando le adelantaron una corte al 22 de junio: la carta de notificación llegó a su buzón el 23, un día después.
Al día siguiente se presentó voluntariamente ante ICE con el documento en mano para aclarar la situación. Lo arrestaron de inmediato y pasó 120 días detenido en el condado de Montgomery.
«Yo nunca le voy a fallar al sistema. Si el sistema falla conmigo, como aún lo está haciendo ahorita, no tengo nada que hacer», afirmó en el video.
Durante su detención, un juez canceló un primer intento de deportarlo a un tercer país. La Corte Suprema reactivó esas deportaciones el 29 de septiembre de 2026 y los recursos que presentó Mojena no prosperaron.
Cuando los agentes lo esposaban para el traslado, ni siquiera le permitieron leer los documentos judiciales que le entregaban.
El vuelo salió desde el aeropuerto militar de Alexandría, Luisiana, con más de tres horas de retraso respecto a lo programado, en medio de la resistencia de los deportados. «El vuelo despegó cuando todos estamos parados, nadie sentado, nadie se quería sentar, todo el mundo haciendo fuerza para mover el avión», recordó Mojena.
La aeronave hizo escalas en Senegal, Guinea Ecuatorial, Burundi y un cuarto país que Mojena no pudo identificar, antes de aterrizar de madrugada en la República Centroafricana.
Los deportados viajaron esposados durante todo el trayecto; las esposas les fueron retiradas a bordo justo antes de bajar para aparentar una llegada voluntaria.
«Fuimos víctimas de abuso psicológico, físico, incluso a un colega, a un paisano que está ahí arriba, le dieron muchos golpes, le dieron una cachetada estando esposado», denunció.
Ese vuelo fue el mayor traslado individual de cubanos a África hasta la fecha: al menos 69 cubanos deportados —64 hombres y cinco mujeres— de un total de aproximadamente 90 migrantes.
Al llegar a Bangui, personal de la ONU los recibió y los instaló en una casa de seguridad. La República Centroafricana está clasificada por el Departamento de Estado como nivel 4 de riesgo («no viajar»), por conflicto armado y presencia de milicias.
Otro cubano deportado a Bangui en agosto, Arístides Fernández García, logró salir el 19 de octubre tras casi tres meses en el país.
El abogado de inmigración Wilfredo Allen advirtió que, aunque los cubanos deportados sin resolución final de asilo tienen posibilidades de recurrir ante cortes federales, un fallo del Quinto Circuito emitido el 23 de octubre bloquea en la práctica la mayoría de esos recursos en esa región.
La historia de Mojena ilustra los riesgos que enfrentan los migrantes cubanos ante el sistema judicial migratorio de EE.UU. Sigue los últimos desarrollos en nuestra sección de Inmigración en EE.UU. para mantenerte informado sobre deportaciones, audiencias y derechos migratorios.
