Beijing
Menos de una semana después de que Xi Jinping extendiera la alfombra roja para el presidente de EE.UU., Donald Trump, el líder de China recibe a otro invitado de honor, y esta vez se trata de un aliado cercano.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, llegó este martes a la capital china para una visita de Estado claramente diseñada para mostrar la alineación entre Beijing y Moscú ante la agitación geopolítica mundial.
Tanto Beijing como Moscú están lidiando con la evolución de sus relaciones con los Estados Unidos de Trump, y están sopesando si desempeñar algún papel para ayudar a poner fin al conflicto entre Estados Unidos e Irán, que ha afectado al suministro mundial de petróleo y ha distraído a Washington de la guerra que Rusia libra desde hace años en Ucrania.
El hecho de que Xi reciba, en el lapso de una semana, a dos líderes mundiales inmersos en conflictos aparentemente irreconciliables de su propia creación no pasará desapercibido para el Gobierno chino, que ha utilizado la guerra de Trump con Irán en particular para presentar a China como un líder global alternativo y responsable.
Tanto Beijing como Moscú también han intentado aprovechar el giro radical que Trump ha dado a la política exterior tradicional estadounidense para impulsar su propia visión de un mundo que no esté dominado por el poder estadounidense ni por un sistema de alianzas liderado por Estados Unidos.
La visita de esta semana es la número 25 de Putin a China en sus más de dos décadas como presidente, un periodo en el que China y Rusia han estrechado la cooperación en materia de comercio, seguridad y diplomacia, impulsadas por una desconfianza compartida hacia Washington y una aparente afinidad personal entre Putin y Xi, quienes suelen referirse el uno al otro como “queridos” o “viejos” amigos.
Ambos se han reunido más de 40 veces.
El líder ruso fue recibido en el aeropuerto por una multitud de jóvenes que coreaban: “¡Bienvenido, bienvenido, bienvenido!”, a última hora del martes.
En un mensaje que tradicionalmente pronuncia antes de sus viajes a China, Putin elogió este martes las relaciones entre Rusia y China, afirmando que han alcanzado un “nivel verdaderamente sin precedentes”.
Según declaró, ambas partes se apoyan mutuamente en asuntos que afectan a los intereses fundamentales de ambos países, incluida la protección de la soberanía y la unidad del Estado.
Antes de la visita, los medios estatales chinos también publicaron artículos que elogiaban los lazos “inquebrantables” entre ambos países en una “situación internacional turbulenta”.
Un artículo publicado en el Global Times, medio respaldado por el Estado, también presentó las visitas casi consecutivas de los líderes estadounidenses y rusos como una señal de que China estaba “emergiendo rápidamente como el punto central de la diplomacia mundial”.

Así fue la despedida de Trump de China tras su visita oficial

Se espera que la reciente reunión de Xi con Trump, las guerras en Ucrania y Oriente Medio, así como su cooperación en materia de energía, comercio y seguridad, formen parte de las conversaciones que mantendrán los dos líderes el miércoles.
Según declaró a principios de esta semana Yury Ushakov, asesor del Kremlin, también tienen previsto destacar su visión del mundo compartida en una declaración sobre el “establecimiento de un mundo multipolar” y un “nuevo tipo de relaciones internacionales”.
Esta no es la primera vez que Putin y Xi mantienen conversaciones en el marco de la diplomacia con Estados Unidos.
Ambos líderes hablaron horas después de la investidura de Trump el año pasado, días después de que el presidente de EE.UU. conversara con Xi.
Putin también ha informado a Xi sobre conversaciones anteriores entre Estados Unidos y Rusia para poner fin a la guerra en Ucrania.
Para Putin, las recientes pérdidas de sus fuerzas militares en la guerra de Ucrania, que ya dura más de cuatro años, podrían ejercer más presión sobre la reunión.
Las compras chinas de petróleo ruso y las exportaciones de bienes de doble uso han sido cruciales para el esfuerzo bélico de Moscú.
Sin embargo, también han causado que la relación sea cada vez más desigual, en la que Moscú depende en gran medida de su vecino más rico y tecnológicamente avanzado.
Rusia ya es el principal proveedor de crudo para China. Los compradores chinos han adquirido petróleo con descuento desde la imposición de sanciones occidentales tras la invasión de Ucrania por parte de Putin.
El conflicto en Medio Oriente y el riesgo de una futura inestabilidad podrían llevar ahora a Beijing a depender más de Rusia para el suministro de combustible.
Se espera que esta semana Xi y Putin discutan sobre el gasoducto Fuerza de Siberia 2, un proyecto largamente rumoreado, que dio un paso adelante durante la última visita de Putin a China en septiembre de 2025.
Pero no solo por cuestiones energéticas, es probable que el conflicto en Irán ocupe un lugar destacado en las conversaciones, especialmente tras la visita de Trump.
El líder estadounidense buscó el consenso con China sobre aspectos del conflicto, y un comunicado de la Casa Blanca indicó que ambos líderes acordaron que Irán no posee armas nucleares y que se reabrirá el estrecho de Ormuz.
Tanto China como Rusia son socios cercanos de Teherán y han desempeñado un papel clave en su protección frente a las sanciones estadounidenses en los últimos años.
China es también el principal comprador de crudo iraní, objeto de sanciones estadounidenses.
Según informó CNN al inicio del conflicto, Rusia proporcionó a Irán información de inteligencia sobre la ubicación de tropas y activos estadounidenses.
El mes pasado, fuentes informaron a CNN que China se estaba preparando para entregar armas a Irán, una acusación que Beijing niega.
Ahora bien, surge la duda de si tienen algún interés en participar en un proceso de paz, dado que Teherán ya había manifestado su interés en que China y Rusia asumieran el papel de garantes de la seguridad.
Desempeñar un papel en la solución del conflicto podría potencialmente granjearles la buena voluntad de Estados Unidos, pero ambos líderes actuarían con cautela para proteger sus propias alianzas, intereses y ambiciones globales.
