La captura de Maduro ofrece un atisbo del nuevo orden mundial al que apunta el Trumpismo

Tras un año en el que Donald Trump ha transformado y endurecido enormemente la política exterior de EE. UU., la operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela ha supuesto una impactante prueba de fuerza y el ejemplo más claro del nuevo tipo orden mundial al que aspiran el republicano y su gabinete.

Desde la guerra comercial que lanzó contra sus socios a su apoyo desigual para con Kiev en la Guerra de Ucrania, Trump dejó claro en los primeros meses de su segundo Gobierno que la diplomacia estadounidense había virado, incluso si se la compara con la de su primer mandato, hacia terrenos inexplorados.

Entre medias se sucedieron desplantes de diferente calibre, desde afirmaciones sobre la anexión de Groenlandia, la posibilidad de realizar ataques militares sobre el narco en suelo mexicano o el deterioro de la relaciones con la India, un socio estratégico.

En verano, Washington llevó a cabo un ataque quirúrgico contra el programa nuclear iraní e inició un despliegue naval inédito en el Caribe -que ha incluido la ejecución sumaria de más de un centenar de supuestos narcotraficantes en alta mar- con el objetivo de presionar a Maduro.

La campaña contra el ahora expresidente venezolano fue subiendo de tono, al igual que las amenazas que el republicano fue lanzando también sobre el jefe de Estado colombiano, Gustavo Petro.

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