Después de años intentando establecerse en Estados Unidos, Liexer De La Cruz regresó a Cuba y volvió a ganarse la vida como taxista.
Ahora conduce un triciclo alimentado con energía solar en La Habana, mientras intenta reconstruir una vida marcada por la incertidumbre migratoria y las dificultades económicas de la isla.
La historia fue publicada este martes por Los Angeles Times, que siguió a De La Cruz después de su regreso a la localidad de Las Minas, donde se instaló junto a su esposa.
Su salida de Estados Unidos se decidió después de una audiencia migratoria celebrada el 9 de enero de 2026 en Miami.
Según el relato, De La Cruz pensaba que acudía a un trámite rutinario, pero terminó ante la disyuntiva de regresar a Cuba o permanecer en el país expuesto a una deportación.
Finalmente optó por salir: las autoridades le concedieron 120 días para abandonar Estados Unidos, y decidió regresar a la isla en lugar de intentar comenzar nuevamente en México o Canadá.
Su esposa, que inicialmente pensaba quedarse en Estados Unidos para ayudarlo económicamente, terminó comprando un boleto en el mismo vuelo y regresó con él.
De La Cruz había llegado a Estados Unidos por la frontera con México en agosto de 2021 después de una larga ruta migratoria.
Antes había intentado establecerse en Surinam, Guyana y Brasil y posteriormente atravesó el Tapón del Darién durante un recorrido de varios meses hacia territorio estadounidense.
Ya en el sur de Florida, se certificó como electricista y llegó a viajar por trabajo a estados como Kentucky y Nebraska.
Su objetivo era reunir a sus dos hijas, que permanecían en Cuba, y abrir algún día su propio negocio de reparaciones y mantenimiento.
Su situación migratoria quedó vinculada al formulario I-220A, documento que ha mantenido durante años en incertidumbre a numerosos cubanos mientras los tribunales estadounidenses debaten si determinadas formas de entrada permiten acogerse a la Ley de Ajuste Cubano.
De regreso en Cuba, la pareja se instaló en la casa de la madre de De La Cruz y compró un triciclo con energía solar.
Él retomó así el trabajo de taxista que había realizado antes de emigrar.
El vehículo se convirtió en su principal vía para obtener ingresos en momentos en que los triciclos han ganado protagonismo como alternativa de transporte ante la escasez de combustible y el deterioro del transporte público.
Pero ni siquiera disponer de un vehículo eléctrico lo libra de los problemas cotidianos.
Los prolongados apagones lo obligan con frecuencia a cargar el triciclo mediante un panel solar y, según explicó, completar la carga puede tomarle unas ocho horas, lo que en ocasiones supone perder una jornada de trabajo.
Aun así, asegura que cuando encuentra a alguien que no puede pagar el viaje intenta ayudarlo: «No me gusta dejar a nadie botado», afirmó.
La alimentación se ha convertido en otra de sus principales preocupaciones, también tuvo que invertir en tanques para almacenar agua ante los problemas de abastecimiento que afectan a numerosas zonas del país.
El contraste con su vida anterior es radical: mientras en Estados Unidos una de sus principales preocupaciones era conservar el empleo, en Cuba debe lidiar diariamente con apagones, escasez de agua y combustible, dificultades de transporte y el alto precio de los alimentos.
De La Cruz asegura que quisiera permanecer definitivamente en su país, pero condiciona ese deseo a una mejora de las condiciones de vida. «Estamos pasando muy mal», resumió.
La historia de este cubano refleja la de otros muchos que, tras emigrar y comenzar a echar raíces en Estados Unidos, se han visto obligados a abrir un nuevo capítulo de sus vidas al regresar a la isla.
El pasado 21 de agosto, un vuelo trasladó a La Habana a 127 cubanos procedentes de Estados Unidos: 113 hombres y 14 mujeres.
Dos de ellos quedaron bajo investigación por su presunta vinculación con delitos cometidos antes de abandonar Cuba.
En ese mismo vuelo llegó Dairon Fuentes, otro cubano con I-220A que había solicitado una salida voluntaria después de permanecer detenido en Texas.
Su esposa residente y sus dos hijos quedaron en Estados Unidos mientras la familia espera poder reunificarse en el futuro.
Otros migrantes con I-220A han optado por abandonar Estados Unidos antes de enfrentar una posible detención.
En junio, Diana Fonseca regresó voluntariamente a Cuba después de explicar que prefería marcharse por su cuenta antes que permanecer detenida lejos de su hija.
En julio, Yasmany Vega Rodríguez también anunció su regreso voluntario a la isla con un I-220A, en otro ejemplo de cubanos que han decidido abandonar Estados Unidos ante la incertidumbre sobre su futuro migratorio.
El caso de Liexer es uno de los muchos que marcan el panorama migratorio actual. Sigue toda la información sobre deportaciones, cortes y políticas migratorias en nuestra sección de Inmigración en EE.UU.
